Diango Hernández, el artista demediado
08-04-06 Revista de Prensa
* Living room partido, 2006
por Mariano Navarro
TRAIDORES
Pepe Cobo.
Fortuny, 39. Madrid.
Hasta el 19 de mayo.
De 2.500 a 48.000 €
Diango Hernández nació en la ciudad de Sancti Spiritus, en Cuba, en 1970, el mismo año que Castro lanzó dos de las más desastrosas aventuras de su ya interminable mandato: la siembra de café, “que haría que la isla fuese tan cafetera como Colombia”, y la zafra de los diez millones de toneladas de azúcar, que concluyó con el hundimiento de la ya muy castigada economía nacional. El 26 de julio de aquel año propuso a sus adeptos reunidos en la Plaza de la Revolución su cese como primer ministro, pero le gritaron ¡No renuncies!, y ahí sigue, treinta y seis años después, sometiendo al país a la dictadura de la carencia absoluta de lo imprescindible, sea esto libertad o sea alimento.
Comprometido civil y políticamente, Hernández desempeña su trabajo en Düsseldorf, en Trento y en La Habana, y, tanto en las obras firmadas por el Gabinete Ordo Amoris –formado por Hernández y Francis Acea (La Habana, 1967), del que tuvimos noticia en 2002, en la muestra Atravesados de la Fundación Telefónica– como individualmente, uno de sus objetivos prioritarios y fundamentales es afrontar, desde un mismo plano ético y desde una distancia equiparable, la situación histórica del presente cubano y el presente, también, de las situaciones generadas por la historia reciente del capitalismo globalizado.
La mera descripción de sus piezas remite de inmediato a la idea que las convoca. La Taxi-limosina, fabricada con tres coches Lada rusos que compraron en Polonia, para unirlos y construir una limusina de más de seis metros de longitud, convertida en taxi colectivo de lujo, en cuyo techo se colocan bultos y maletas atados con una cuerda, expuesta en Atravesados. La instalación en el Project Rooms de su galería en ARCO 2005, Palabras –incluido por Rosa Martínez en el Aperto de la Bienal de ese mismo año–, que aborda las tensas relaciones cubano-norteamericanas, desde la metáfora del poste eléctrico derribado (“la electrificación fue el más importante de los planes económico-estratégicos de Lenin para los países socialistas, tenía una misión importante, llevar a los lugares más lejanos la industria de la propaganda”, dice Hernández), y los símbolos de las banderas y los himnos nacionales, los monumentos y sus transformaciones ideológicas, hasta su dilución vertiginosa en un tráfago que es una mezcla de tragedia y demagogia. Y ahora, las dos instalaciones que muestra, Living room partido y Bebe de mis rosas, especialmente la primera, una habitación partida en dos, mesas, sillas, lámparas, un televisor, etc. cortados, y dos viejas máquinas de escribir, cuyas teclas componen en una la palabra “traido – es”; mientras la otra presenta en una hoja el sustantivo escrito y en las paredes cuelgan, en papeles sajados, dibujos de extraños artilugios que pensamos domésticos.
Cuarenta y cinco años antes de que naciese Diango lo hizo, en Santiago de las Vegas, Cuba, el escritor Italo Calvino, autor de un cuento, incluido en la trilogía Nuestros antepasados, cuyo protagonista, Medardo de Terralba, fue partido en dos por un cañonazo de los turcos, llevando, desde entonces, sus dos partes vida independiente. Buena hasta lo insoportable la una, mala hasta la exasperación la otra, no hayan satisfacción, ni tampoco el lector, hasta que la fuerza del amor vuelve a unirlas y Medardo conoce la sabiduría que proporciona la extraña reunión del bien y el mal sin que ninguno sea más identificable que el otro. “¿Quién me ha partido en dos? –se pregunta Diango Hernández–, Traidor él, traidor su plan y sus cómplices?”
El vizconde demediado quizás tenga su reflejo o su doble final en Bebe de mis rosas, en la que sobre una escribanía vacía, alumbrada por una solitaria bombilla y de la que emerge una chimenea, y contra el fondo de la canción del maestro Lecuona del mismo título, sangra la rosa de la canción protesta y aparece una nota: “Nosotros producimos más traidores que rosas”.
Graduado en el Instituto Superior de Diseño de La Habana en 1994, constituye al año siguiente el Gabinete Ordo Amoris. Ha expuesto en galerías privadas de varios países, fue seleccionado para la VIII Bienal de la Habana y para la 51 Bienal de Venecia. Sus próximas citas son la Kunsthalle de Basel y las bienales de Sydney y São Paulo. Declara: “Estar delante del grupo se entiende como vanguardia, es en esta posición donde se encuentran los más aventajados y también los más cínicos. Yo prefiero estar detrás y desde allí ver todo”.