hace casi cincuenta años
que en la oscuridad
la gente de las salas oscuras
consume imaginarios
para reanimar
lo real
ahora éste se venga
y quiere lágrimas verdaderas
y verdadera sangre
Jean-Luc Godard, Histoire(s) du cinéma, "Capítulo 1a. Todas las historias"
con ojos prestados de niño sueco embaucado por un teatrillo de juguete, leemos a Pasolini (no a media voz sino en silencio) en la red
Siempre anhelaré esa poesía
que es acción en sí misma, en su desapego de las cosas,
en su música que no expresa nada
más que la propia árida y sublime pasión por sí misma.
Leyendo a Pasolini
con nuestros propios ojos de topo acariciando el tacto del papel satinado,
Al fin quiero dar forma a la alegría que, a pesar de todo, hay en mí y a la que tan poca y débil vida doy en mi trabajo. Poder describir la fuerza de la acción, la amabilidad, la gentileza. No estaría tan mal, por una vez.
Ingman Bergman, Imágenes, recogido en Jacques Mandelbaum, El libro de Ingman Bergman, "La hora de saldar cuentas"
al Bergman que se retrató como ese niño sueco con la finalidad de revisitar un día de estos El manantial de la doncella al ritmo hiperactivo (que alimenta nuestra bulimia en el kiosco o en Caixaforum o en la filmoteca) de Cahiers de Cinéma
De aquí nace esa sensación simultánea de vitalidad y de melancolía que desprenden películas como Days of Being Wild, Ashes of Time, Chungking Express, Fallen Angels, Happy Together e In the Mood for Love. Es decir, el pulso sanguíneo de unas imágenes filmadas en estado de emoción y de urgencia (hechas de rupturas y continuidades, de combustión y fatiga, de adrenalina y velocidad), que parecen capturar a los personajes como si fuera la cámara, y no ellos, quien persiguiera sin cesar el deseo quimérico de detener el tiempo, de fijar las emociones, de escuchar el desgarro amoroso, de ver el sonido de un sentimiento, de palpar el olor de la lluvia o el aroma de una habitación. Su luz y su cámara ponen en juego un torbellino de movimientos y una tormenta de emociones, una sinfonía de colores y una coreografía de ruidos internos hasta configurar un espacio y un tiempo imaginarios, en los que la representación de la soledad y de los anhelos interiores escenifica el recurrente y casi siempre promiscuo desencuentro, típicamente posmoderno, entre las urgencias del deseo individual y el anonimato de la sociedad urbana contemporánea, entre un tiempo "vivido" y un tiempo impuesto por los relojes.
Carlos F. Heredero, Cahiers du Cinéma España, especial Christopher Doyle, "La textura de las emociones"
cuando ya empezamos a cuestionarnos si querer ver más días de cine con la añoranza medio enfermiza de su anterior presentador y nos estamos pasando de la pantalla catódica al papel, encontrar en la red este pequeño compendio de La Vanguardia, que se nos antoja germen de Cahiers du Cinéma España, no deja de ser una alegría que nos llega desde esta otra pantalla que vivimos
cantando
estar atento
a la huella
de los poetas prófugoshe aquí por qué
en el tiempo de la noche del mundo
el poeta dice lo sagrado
Jean-Luc Godard, Histoire(s) du cinéma, "Capítulo 1. Una historia sola"
-¡Ah mi pequeño Nataniel! -me contestó-, ¿no lo sabes? Es un hombre malo que viene a buscar a los niños cuando no quieren irse a la cama y les arroja un puñado de arena a los ojos haciéndolos llorar sangre. Luego los mete en un saco y se los lleva a la luna creciente para divertir a sus hijos, que esperan en el nido y tienen picos encorvados como las lechuzas para comerles los ojos a picotazos. E.T.A. Hoffmann, El hombre de arena
¿quién es el hombre almohada? es familia directa del hombre del saco [que puede ser auditivo o audiovisual o aun blog] y del hombre de arena [que también es auditivo y audiovisual y blog y (antes todavía y además) literario y, como la pequeña protagonista de Alas de mariposa (Juanma Bajo Ulloa, 1993) reparte eutanasia preventiva entre los niños]
El psicodrama positivo es lo más viejo del mundo, se llama cuento de hadas. Los que, por culpa de los bodrios Disney, piensen que un cuento de hadas es una ñoñez chorra, que piensen en una peli sobre unos padres que abandonan a sus hijos para que mueran en el bosque; los pequeños van a parar a la casa de un asesino de niños y su única forma de sobrevivir es hacer que el monstruo mate por error a sus propias hijas dejándolas degolladas en un charco de sangre; esta historia tan enferma, que ni el gore ni el giallo más depravado llegan a igualar, se llama Pulgarcito y los niños llevaban muchos siglos leyéndola con regocijo hasta que llegó esta estúpida generación de escritores infantiles à la Spielberg sin sentido del psicodrama que escriben chorradas sobre el niño inmigrante al que el niño malvado le roba la manzana en el colegio porque sus padres se acaban de divorciar y no recibe amor; por favor señores escritores, pedagogos y psicólogos, no crean que los críos son tan simples y soplapollas como ustedes. Ni los adultos tampoco: un cuento de hadas para mayores no es una tontería como Pretty woman, sino obras bellas como Terciopelo azul, La boda de Muriel o la ya mencionada Secretary.
vicisitudysordidez
no es [estrictamente] necesario ir al teatro para reparar en la importancia de la ilusión (hasta de ese pequeño resto del que dice no hacerse cargo Mastercard) descomercializada, basta pasear atento a las fuentes y fuentecillas, son maneras y maneras . además, la primavera ya anda suelta por las calles, liberada de el-corte-inglés: la veda a los paseos con amenaza de alergia está abierta
es asunto vuestro
y no mío
reinar sobre la ausencia
dice un poetala verdadera violencia
es la acción del espíritu
todo acto creador contiene una amenza
real
para el hombre que no se atreve
es por eso que una obrasensibiliza al espectador o al lector
si el pensamiento se rehúsa a ponderar
a violentar
se expone a padecer infructuosamente
todas las brutalidades
que su ausencia liberó
Jean-Luc Godard, Histoire(s) du cinéma, "Capítulo 4a. El control del universo"


