En la última película de Joe Wright,
Atonement (2007) basada en la novela homónima de Ian McEwan se presenta con inusual descaro la problemática del efecto placebo de la ficción.
La cinta narra una pasional historia de amor que se ve interrumpida por la indiscreción de Briony. Briony es una escritora de éxito que vive lamentando el daño que causó tanto a su hermana Cecilia como a su amante Robbie, quienes murieron en la Segunda Guerra Mundial sin la posibilidad de disfrutar de una relación que apenas acababa de comenzar cuando tuvieron que separarse. Al final de su vida Briony Tallis consigue por fin escribir la novela Atonement en donde narra esta historia. Este argumento perfectamente convencional se complica por la manera en la que es presentada al espectador. Primero presenciamos una narración prácticamente lineal aunque se van repitiendo las escenas para ofrecer al espectador los puntos de vista de los personajes principales, pero en la segunda mitad de la película se interrumpe la narración tras el reencuentro de los tres protagonistas. Hay un tremendo salto en el tiempo y Briony aparece a avanzada edad en un programa de televisión hablando de su novela. Cuenta que la escena que acabamos de presenciar nunca sucedió ya que su hermana murió en un bombardeo en Londres y Robbie en Francia, sin embargo, ya que los dos amantes no habían podido disfrutarse en vida, ella les reunió en la ficción. La película termina con unas escenas en donde contemplamos por fin a Robbie y Cecilia juntos y felices en una playa. Fuera de consideraciones estéticas esta última escena le llega al espectador como un regalo. La tensión acumulada durante dos horas y la frustración de la separación de los dos amantes se ve recompensada al final con las imágenes de felicidad que se nos presentan. Esta ficción prima se agradece y disfruta en la sala de butacas por mucho que de antemano se haya presentado como la última "mentira" de la escritora Briony Tallys. Ante la visión de los protagonistas juntos, una visión que se ha ido preparando desde el principio de la cinta, el espectador se relaja abandonando la sala de butacas con una extraña sensación de tranquilidad, como si en lugar de una tragedia se hubiera presenciado un film de final feliz. ¿Y es que acaso no es eso lo que hemos visto? ¿Por qué habríamos de establecer una jerarquía entre las opciones presentadas, como si lo que dijera Briony, la supuesta autora, tuviera que determinar la unicidad de la historia?
Toda la película comienza cuando Briony da un falso testimonio y acusa injustamente a Robbie de una agresión sexual que no ha cometido lo que la convierte en un narrador poco fiable. ¿Por qué habríamos de creerla cuando al final de su vida nos confiesa además que padece una enfermedad degenerativa por la cual va perdiendo memoria y no sabrá distinguir entre lo real y lo ficticio?
En la entrevista Briony asegura que si ha decidido cambiar sus recuerdos en la novela era porque no veía qué se ganaba con mantener la triste historia y desilusionar al lector. ¿Qué se gana con ilusionar al lector? ¿Quién lo gana? ¿Es la función de la literatura o la ficción en general confortar al espectador? ¿Importa si se gana o no algo con esta ficción? ¿Tiene la literatura alguna utilidad? Este es sin duda un debate antiguo que viene generando poéticas desde Aristóteles, sin embargo, en esta cinta se presenta con claridad el dilema de verosimilitud y el compromiso con la "verdad" de la obra artística. Con la declaración de una Briony ya adulta explicando en un plató de televisión "cómo sucedieron los hechos" en un primer momento, parece que la obra de ficción en sí, esto es, la película gana verosimilitud. Sin embargo, tras presenciar la muerte de los protagonistas se nos ofrecen las imágenes en las que aparecen los dos juntos en un marco paradisíaco recuperando el tiempo perdido. La continuidad de estas dos imágenes contradictorias cuestiona la lógica de la historia y rompe la verosimilitud produciendo una reacción de rechazo frente a la pantalla, ya que al obligar al espectador a cuestionar las imágenes que acaba de presenciar le obliga a cuestionar también las imágenes que está presenciando y las que presenciará después. Para Aristóteles la verosimilitud era una cualidad tan importante que en la Poética afirma que «se debe preferir lo imposible creíble, que lo posible increíble». Sin embargo, en este caso presenciamos exactamente lo contrario; la historia que relata Briony es perfectamente posible pero la contradicción entre las imágenes ofrecidas la convierten en increíble. De esta manera se genera una distancia del espectador y se favorece una visión crítica de la película. Con esta estrategia la película pierde verosimilitud pero a la vez gana una nueva entidad como producto artístico. La obra en sí toma un nuevo protagonismo mientras que la historia que en ella se cuenta, lo referido, abandona su papel principal. Las contradicciones de la cinta ponen de manifiesto que no estamos ante el relato de una historia acontecida en el pasado reconocible de la Segunda Guerra Mundial sino ante una ficción y el concepto de ficción ocupa el papel protagonista. ¿Podría decirse que esta obra de ficción ha ganado con esto autenticidad? Como si en la medida que se distancia de lo representado la representación en sí adquiriera entidad.
Atonement no es desde luego la primera obra en la que el objeto artístico se independiza de lo representado, desde el Romanticismo se viene hablando de la independencia del arte y los movimientos de Vanguardia se ocuparon de quebrar los sistemas aceptados de representación. Quizá lo más llamativo es que ésta sea una película de la factoría Hollywood con un presupuesto de aproximadamente 30 millones de dólares destinada a un público masivo a nivel mundial. Lo cual nos alerta del grado de sofisticación simbólica de la sociedad actual. ¿En una sociedad acostumbrada a moverse en el reino de lo mediático podría la credibilidad ser un valor a la baja? ¿Cómo afecta la sobre exposición a los medios de comunicación y la experimentación del mundo a través de la realidad mediada a la naturaleza de la ficción?
En el ensayo de Ronald Barthes "El efecto de realidad" (1968) el teórico francés afirma que en las descripciones existen elementos que no responden a ninguna función dentro del texto, son detalles que producen "un efecto de realidad, base de esa verosimilitud inconfesada que forma la estética de todas las obras más comunes de la modernidad." Por supuesto hay que señalar que Ronald Barthes está hablando del relato de Flaubert "Un coeur simple" y existen diferencias fundamentales entre el cine y la literatura, sin embargo, haciendo un salto para continuar con el argumento aquí expuesto, consideremos que el decorado y la ambientación de la película de Joe Wright cumplen una función equivalente a la descripción de Flaubert. La estética de Wright es de un perfeccionismo que subraya la artificiosidad de la ficción cinematográfica. Pero no es una estética original sino que remite al imaginario del espectador del lujo y la belleza de las clases privilegiadas de la Inglaterra de principios de siglo. Un imaginario que el mundo de la moda se ha ocupado especialmente de esculpir en nuestras retinas. Desde el principio hasta el final, la película adolece de la frialdad propia del mundo de la publicidad. Las últimas escenas de los amantes en la playa corriendo y agarrándose de la cintura compiten con los anuncios de colonias con los que el espectador de televisión se ve bombardeado durante las Navidades. Si Barthes afirmaba que el realismo era la estética de la modernidad, ¿podemos considerar que el "referencialismo" es la estética de la postmodernidad?
Para Ronald Barthes la verosimilitud de la obra moderna "es muy diferente a la antigua, pues ya no es el respeto de las «leyes del género», ni siquiera su máscara, sino que procede de la intención de alterar la naturaleza tripartida del signo para hacer de la anotación el mero encuentro de su objeto y su expresión." La verosimilitud en Atonement, si es que se puede hablar de tal, no sería ni el encuentro del objeto y su expresión, ni el respeto a las «leyes del género», sino la referencia a la imagen mediática del objeto.
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