Blanca Salvatierra (PUBLICO.es)
Corren tiempos difíciles para el intercambio de archivos en Internet. La IFPI, la mayor asociación internacional de la industria discográfica, cifra en unos 20.000 millones las descargas musicales realizadas en el mundo durante 2006.
Pero el anuncio del Gobierno francés de que autorizará a empresas privadas a localizar y controlar las direcciones IP de los usuarios que se descargan archivos con copyright ha hecho saltar las alarmas entre los internautas.
A ello se suman historias como la del juicio que enfrentó a la MPAA, asociación que representa a la industria de Hollywood en EEUU, y TorrentSpy, un sitio de descargas. El contencioso se saldó con una sentencia en contra de la web por no facilitar las direcciones IP de sus visitantes para que éstos fueran investigados.
En España la situación es muy distinta, ya que el intercambio de archivos (a través de redes P2P o mediante descarga directa) es legal mientras no exista ánimo de lucro. Ni los proveedores de acceso ni las entidades gestoras pueden actuar contra páginas o usuarios si no se demuestra que se han lucrado con el P2P.
Pese a ello, visto el caso de Francia y lo que se apunta como una persecución cada vez mayor por parte de la Unión Europea (con proposiciones de acuerdos entre las entidades gestoras de los derechos de autor y los proveedores de banda ancha), un número cada vez mayor de usuarios opta por utilizar programas que dificulten la localización del ordenador en el que navegan.
En la página web de eMule (uno de los programas más populares de descarga de archivos, que cuenta con su propio sistema de bloqueo de espías) se especifica que este tipo de redes se basa en conexiones directas entre los usuarios que transfieren datos entre sí, lo que deja al descubierto la dirección IP de los ordenadores; y añade que, en caso de seguimiento, sería relativamente sencillo localizar a los usuarios. De hecho, ya han salido a luz casos en los que la industria crea falsos usuarios para identificar a los que comparten archivos.
Aunque ninguno de los programas, denominados anonimizadores, son del todo infalibles, al menos se han constituido como una propuesta válida para presentar barreras ante un posible rastreo. Por último, con algunos de estos servicios la navegación puede verse ralentizada, aunque no ocurre en todos los casos.


