Vía PUBLICO.es
1- Esperanza Aguirre jugó fuerte y ganó. Rajoy sí tenía previsto llevar a Gallardón al Congreso hasta que la lideresa de Madrid lanzó un órdago a su supuesto jefe. Ayer, según queda claro en el surrealista comunicado de prensa que difundió el PP (es tan alucinante que lo mandaron a los medios pero no lo han puesto en su propia web), Aguirre anunció a Rajoy que estaba dispuesta a dimitir como presidenta de la Comunidad de Madrid para poder ser elegida como diputada (su actual cargo es incompatible con el Congreso) si su querido Alberto iba en la lista. Es una manera más bien brusca de decirle a Rajoy, a la cara, que no cree en su victoria, que ella quiere liderar el PP cuando él pierda otra vez. Sólo así se entiende que esté dispuesta a cambiar la presidencia de la autonomía más rica de España por un simple escaño. Con todo, Rajoy cedió.
2- El de Esperanza Aguirre no fue el único órdago. Según cuenta Arsenio Escolar en su blog, Francisco Camps, presidente de la Comunidad Valenciana, también amenazó a Rajoy con dimitir si Eduardo Zaplana -su archienemigo- iba de número uno por Valencia. Al igual que Esperanza Aguirre, Camps también estaba dispuesto a abandonar una presidencia autonómica y ser diputado. Qué tendrá el Congreso, que todos suspiran por él.
3- Camps y Esperanza, los que ahora emergen como candidatos más probables para suceder a Rajoy, podrían ser senadores por decisión autonómica y, desde allí, liderar la oposición. Sin embargo, sólo hay un precedente de oposición fuera del Congreso de los Diputados y fue desastroso: el frustado intento de Antonio Hernández Mancha por AP, en 1987. Esperanza, que hace ya meses que especula con esta posibilidad, defiende que las cosas han cambiado mucho desde entonces. En su opinión, la oposición hoy se hace desde la televisión, no desde el Congreso. Está por ver.
4- Alberto Ruiz Gallardón, tras la derrota, ha estado filtrando a los medios que dejará la alcaldía de Madrid después del 9-M. Sin embargo, en sus primeras declaraciones, ni ha negado ni ha concretado tal decisión. El alcalde no se da por derrotado: si Rajoy gana, maniobrará para intentar ser ministro. Si Rajoy pierde, como todos en su partido parecen creer, se postulará de nuevo como sucesor. Lo tenía difícil de todas formas, pero fuera del Congreso parece casi imposible. Muy contundente y humillante tiene que ser la derrota del PP para que Gallardón tenga alguna posibilidad de suceder a Rajoy. Por pequeña que sea, seguro que lo intentará.
5- Rajoy también queda en un pésimo papel. No sólo aflora la poca disimulada pelea por sucederle -con él de cuerpo presente- sino que el escándalo abre una crisis en el PP a cincuenta días de las elecciones y diluye el impacto mediático del fichaje del ex presidente de Endesa. El "efecto Pizarro" no ha durado ni 24 horas.
6- Pero los grandes derrotados del capítulo de ayer no son ni Gallardón ni Rajoy. Somos todos los madrileños. Ha quedado claro que ni el alcalde ni la presidenta autonómica tienen más interés en Madrid que hacer del puesto su plataforma para la política nacional. Cuando apenas han pasado nueves meses desde que fueron reelegidos, ya están los dos dispuestos a renunciar al cargo para dar respuesta a su ambición.
Y lo peor no es eso. Lo más dramático es que, si Gallardón se va, la alcaldesa será Ana Botella.


