Angélicadirectora se presenta en batalla contra una silla canalizando su ira por la ausencia de un perro actor al que ella misma se encarga de sustituir, perro-víctima (muerto-en-tintorería)
[...] nos demuestra por qué el teatro también es una tintorería donde todos debemos lavar nuestros trapos sucios y muchos de ellos ―por ese chucho que alguien olvidó salvar de la muerte― manchan nuestra ropa y nuestras manos de sangre.
notodo.com
borrachos de pólvora y sintiendo los espasmos con los que vomita desde lo más profundo de sus entrañas eso que todavía tenemos que llamar cultura aunque ya habíamos empezado a dudar si deberíamos, en cualquier caso parece que por que no desaparezcan ciertos oficios que permitan decir desdiciendo, desde el discurso de Angélica de necesidad indudable
aunque la inversión de la direccionalidad de la mirada encuentra su sitio en la segunda parte de arcad[i]as y convulsiones, adelantamos esta frase antes de seguir adelante: la mirada de Angélica compite en igualdad de condiciones con la suma de las 80 dirigidas desde las butacas y los papeles se invierten, hemos sido forzados a abandonar nuestro cómodo rol de voyeur en la oscuridad para convertirnos en objeto de su mirada, momento declarado Godard (cuya intencionalidad parece claramente Haneke, entre sus Funny Games y Caché).
Es a propósito de su análisis del barroco que Walter Benjamin destila sus más precisas meditaciones melancólicas.
Por su parte, Cristine Buci-Glucksman ha escrito:Todo es mirar y ser mirado; el mundo se convierte en gran teatro, en puro espectáculo, del que se forma parte sólo mirando y siendo mirado, como en un gigantesco panóptico. Ése es el fondo de la melancolía barroca, la reducción del ser a pura visibilidad, un resolverse el mundo en apariencia y simulación, un volverse indistinguibles sueño, ilusión y realidad.
José Luis Brea, Nuevas estrategias alegóricas
el lapsus que constituye la obra podría convertirse en un fundido entre el balanceo de El columpio (Los felices azares del columpio) de Fragonard y el de Nasima, una muchacha musulmana con hiyab pero aspecto andrógino bajo pantalones y camiseta a la europea, que, haciendo un ejercicio de redefinición del concepto de Europa, alecciona a sus ciudadanos (los europeos) añadiendo un gesto nutriciobeuysperformático, con dos de los productos elaborados con grasa más populares (margarina y galleta)
Será precisamente la senda de esa dificultad -la dificultad, si se quiere, de inscribir nuestra contemporaneidad en el curso de la historia: todavía más la de pensarle una posteridad-, en lo que ella posee de absolutamente singular, la que nos conducirá al diagnóstico de la actual condición barroca de los sistemas de representación -como se sabe caracterizada, precisamente, por su clausura a la exterioridad de todo desarrollo y su consiguiente impotencia para registrarse como momento de despliegue en el tiempo-.
José Luis Brea, Nuevas estrategias alegóricas
pregunta: ¿qué diferencia a la aristócrata francesa del siglo XVIII retratada por Fragonard en su columpio de la musulmana en que Angélica la ha convertido?
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las imágenes están separadas por el tiempo, un intervalo que recoge el recorrido hasta la democracia desde la etapa de inminencia de la Revolución Francesa hasta más allá de nuestros días y que carga de referencias conceptuales la representación y de no menos imágenes (esa cultura con poso francoalemán que parece -por la parte gala, particularmente- está en proceso de persecución yanqui, o ese es el mensaje que parecen querer transmitir en la portada de la revista Time noviembre edición Europa)
No parece que sean ellos los más indicados para hablar de esa manera de cultura (cuando cada vez llegan más voces desde su propio territorio esquivando su censura) y especialmente, empleando como base del estudio los números y emplazando el éxito bajo expresiones como "gigante cultural". Es cierto que hace tiempo que el centro de creación artística ha sufrido un desplazamiento desde París pero no sólo eso, sino que tras pasar por un estadio de atomización y dispersión ahora la vía se conduce, por una parte hacia oriente y por otra hacia la desmaterialización en virtud de los espacios virtuales que se abren paso con fuerza. Sí, la lengua francesa pierde hegemonía numérica pero hay veces que una sencilla búsqueda en la wikipedia Le Petit Chaperon rouge, Caperucita roja en diferente idioma nos da una perspectiva diferente de las cosas y curiosamente, ayer en el periódico que nos alberga, de nacionalidad no-francesa, se publicaba este artículo Jean Daniel, Camus, nuestro contemporáneo
pregunta: ¿volveremos a oír, en una película americana siempre-nos-quedará-París ?


