
El coronel R. Henil afirma que parte del ejército se encuentra
en un estado cercano al colapso. "Las unidades se niegan a entrar en
combate, asesinan a oficiales, se drogan y están cerca del
amotinamiento", dice a la prensa. El conflicto ya no es del gusto de
todos.
El objetivo de EEUU era frenar la extensión del
comunismo en Asia. Para ello, ayudarán a Vietnam del Sur frente a la
agresión del Norte y el Vietcong, brazo armado de los comunistas
survietnamitas.
No todos están de acuerdo. La oposición
comienza a gestarse en las aulas universitarias y, en abril de 1965,
25.000 personas marchan en Washington en protesta por la intervención.
En octubre, serán más de 100.000 por todo el país.
Además, EEUU
se encuentra en pleno conflicto racial y la lucha por los derechos
civiles del colectivo negro se traslada a la guerra. Supone apenas el
10% de la población, pero representan un tercio de los soldados de
infantería.
Las listas de muertos están repletas de
afroamericanos y, ante las protestas, el Pentágono comienza a sacarlos
del combate. Los soldados de color fallecidos pasan de un 25% en 1965
al 7'6% en 1972.
Censura, muerte y fotografías
A
lo largo del conflicto, la censura intentó controlar los desmanes
continuos del ejército, pero los periodistas ya se habían contagiado
del espíritu antibelicista. Cada noticia y cada fotografía suponían un
mazazo demoledor para los defensores de la contienda.
En enero
de 1967, las imágenes de la destrucción de una aldea durante la
Operación Cedar Falls conmueve a millones de personas. Un año más
tarde, en la Ofensiva del Tet, el Vietcong asalta la embajada
norteamericana en Saigón. Como respuesta, en una de las acciones más
cruentas de la guerra, la Compañía Charlie asesina a 500 mujeres,
ancianos y niños en My Lai.
Nixon gana las elecciones de 1969.
Dice tener una misión: eliminar a cualquier sospechoso de colaborar con
el Vietcong. El presidente mantiene la operación en silencio pero, ante
los asesinatos indiscriminados y la necesidad de invadir Camboya,
decide hacerlo público. El pueblo protesta de nuevo. Pero esta vez las
revueltas acaban con la muerte de cuatro estudiantes de la Universidad
de Kent.
Desde ese momento, las voces se alzan en el ejército
estadounidense. Los datos son inequívocos: más de 100 fanzines opuestos
a la guerra se distribuyen por los cuarteles; las deserciones masivas
se generalizan (entre 1968 y 1975 abandonan 93.000 soldados); 206.000
jóvenes son denunciados por negarse al reclutamiento y 563.000 son
licenciados sin honores por desobedecer a sus superiores.
Los soldados se movilizan
Los
métodos de oposición se radicalizan. Surgió el fragging, que consistía
en matar a los cabecillas que coaccionaban a las tropas con granadas de
fragmentación. La presión llega al extremo de poner precio a la cabeza
de algunos oficiales. Los mandos han perdido el control de sus soldados.
El
Vietcong se aprovecha del caos enemigo y, durante las negociaciones de
paz en 1971, garantiza la vida de aquellos regimientos que se nieguen a
atacarlos.
Desde ese momento, es común observar brazaletes
rojos en los brazos de los soldados americanos. Ya no dispararán más.
La guerra estaba muriendo desde dentro.
"Ve a Vietnam y mata al oficial al mando"
Durante
años, la rebelión de los soldados norteamericanos ha sido apartada de
la historiografía oficial. Libros como ‘Soldiers In Revolt' (David
Cortright) recuerdan la importancia del movimiento antibelicista dentro
del ejército, cuya actividad ayudó al pueblo vietnamita a acabar con la
dominación norteamericana.
En los periódicos clandestinos
que circulaban entre las tropas, como ‘Vietnam GI', ‘The Bond', o ‘FTA'
(‘Fuck the Army' en lugar del eslogan de reclutamiento, ‘Fun, Travel
and Adventure') se denunciaba la bancarrota de la política militar, se
suministraba información alternativa, se organizaba la resistencia
activa (amotinamientos y asesinatos, principalmente) y se recordaban
los sangrientos ataques dirigidos por los ineficientes oficiales, como
el que dio lugar a la (impune) masacre de My Lai. Todo derivó en una
guerra dentro de la guerra que dividió a las fuerzas armadas.


