En nuestro país hay dos personalidades bien conocidas que denuncian a la que pueden los excesos, ciertos o aparentes, del momento: el profesor y crítico de arte Fernando Castro y la periodista Rosa Montero.
Hace bien poco, ambos la han emprendido contra una instalación del nicaragüense Guillermo Habacuc en Bienarte, la bienal de Costa Rica, donde dejó morir de inanición a un perro. Habacuc ha sido seleccionado para acudir a la Bienal Centroamericana Honduras 2008. No consta que se vaya a repetir la acción del perro.
Rosa Montero, amante de los animales, aborda el tema desde este aspecto y llama a firmar una solicitud para que se prohíba la presencia de Habacuc con esa obra (www.petitiononline.com/13031953/). De paso, Montero la emprende contra los críticos por no denunciar este tipo de cosas. El artículo en sí resbala hacia lo (más) tremendista cuando escribe: "¿Les parecerá creativo matar de hambre a un perro? Y entonces, ¿por qué no hacer arte de atormentar a un niño, por ejemplo?" En fin.
Lo que hace un crítico informado como Fernando Castro, es bajar al ruedo y tomar al toro por los cuernos. Los de la creciente espectacularización del arte, fenómeno de fondo sobre el que navegan gentes como Habacuc. Desde hace un tiempo, Castro ha llevado este tipo de temas a la apertura de Cultura de ABC, situándolos en el marco periodístico-sensacional que les corresponde. En estos artículos Castro no se para en lo moral o inmoral de la muerte del perro, que eso pueden decidirlo los tribunales, sino en lo estúpido, oportunista y en el fondo patético de obras de arte de este tipo.
En términos sociales, es normal situarse contra las barbaridades y Rosa Montero está en su derecho de indignarse. Desbarra, eso sí, cuando la emprende contra la crítica. Los críticos, como ciudadanos, firmarán o no la carta de protesta, pero como profesionales aportan criterios sobre los motivos, el contexto o la realización de una obra. Sabiendo que esas obras buscan el escándalo, porque el escándalo es lo único que lleva al arte a las primeras páginas de los medios y lo convierte en efectivo, resulta posible denunciarlas y condenarlas en su probable estupidez específica, lo que esta haciendo Fernando Castro. Esto es mucho más interesante aunque, darle cuartelillo a estas acciones ¿no implica hacerles el juego? Es un antiguo dilema, muy lejos de estar resuelto.


