Por Ainoha Gomá (ADN.es)
"En mis primeros 15 o 20 años, casi nunca se me pidió que diera un discurso o concediera una entrevista. Se suponía que la obra escrita hablaba por sí misma y se vendía sola, a veces sin tan siquiera la fotografía del autor en la solapa posterior", señala el escritor John Updike. En la era de YouTube y de Gran Hermano, escritores de diversas generaciones se esconden tras pseudónimos (Torsten Krol), hacen rarísimas apariciones públicas (Cormac McCarthy), se resisten a mostrarse ante sus lectores (Thomas Pynchon) e incluso se niegan a publicar sus novelas (Harper Lee o JD Salinger).
Torsten Krol (o no)
Se sospecha que vive en Australia. Tras el curioso nombre de Torsten Krol nadie sabe quién se esconde pero acaba de publicar su segunda novela, Callisto, tras su debut con The Dolphin People. No concede entrevistas, nadie ha hablado nunca con él salvo por email, y su agente y editores dicen desconocer quién es. Técnicamente, se trata del último caso conocido de lo que anglosajones llaman un reclusive writer, un autor que rechaza la fama al estilo recluido de Emily Dickinson.
En la misma línea puede situarse a Cormac McCarthy, ganador del Pulitzer en 2007 por The Road y que concedió su primera entrevista para televisión este mes de junio, a los 74 años.
La alergia a la fama es aún más extrema en casos como el de la escritora Harper Lee, autora de Matar a un ruiseñor, que pese a su exitosa primera novela de 1959 se resiste a publicar una segunda.
Esquivos para negra
De J. D Salinger, el autor fetiche de estudiantes de instituto estadounidenses y -asesinos en serie- gracias a El Guardián entre el centeno, se afirma que escribe cada día y que podría tener hasta 15 novelas acabadas, pero no parece que piense darlas a conocer. A este escritor no se le conocen apariciones públicas y dispara perdigones a quien se atreve a molestarle en su remanso de paz de la localidad de Cornish.
Salinger, sin embargo, no es el más esquivo de su generación. Thomas Pynchon le gana de calle. Casado con su agente y con un hijo llamado Jackson, escribe ocasionalmente para el New York Times, queda para comer con Salman Rushdie e incluso hace cameos en los Simpson. Sería todo menos un escritor anónimo salvo por el hecho de que rehúsa casi de forma enfermiza que se le tomen fotografías. Su alergia a los medios le convierte irónicamente en un escritor mediático.
Novela negra con pseudónimo
Mención aparte reciben los escritores consagrados que un día deciden escribir bajo pseudónimo al cambiar de registro literario. El caso más curioso es el del género negro, inexplicablemente denostado, y que lleva a autores como John Banville, autor del celebrado El Mar, a publicar recientemente El secreto de Cristine bajo el poco sutil apodo de Benjamin Black.
En la misma línea, La ciudad sin tiempo de Francisco Gonzalez Ledesma ha aparecido bajo el pseudónimo de Enrique Moriel, ya que el autor considera que esta novela de intriga es "un cambio absoluto" en su creación y quería evitar que le encasillaran al aparecer con su verdadera identidad.
Otro pariente español imprescindible responde a las enigmáticas iniciales F.M. La editorial de sus primeros libros, Lengua de Trapo, presenta así sus obras: "Nació el 6 de enero de 1967 en Madrid; nevaba."


