Que ella, la cultura, mira ahora menos hacia el pasado (para asegurar su recuperabilidad, su transmisión) y más en cambio hacia el presente y la producción incondicionada del futuro. Menos hacia la conservación garantizada de los patrimonios y los saberes acumulados a lo largo del tiempo, de la historia, y más en cambio hacia la gestión heurística de nuevo conocimiento. Menos a la perpetuación de las tradiciones que a la optimización de las condiciones la experiencia del vivir en comunidad, a la interacción de los datos y la conjunción de los sujetos de conocimiento –sometida a grados crecientes de diversificación, diferencia y complejidad.
Acaso habría que decir que el uso de la metáfora de los modos de la memoria propios del ordenador es probablemente aquí algo más que una metáfora: quiere decirse que, en buena medida, la irrupción histórica de los modos de la gestión de lo cultural por la eficacia de las nuevas herramientas tecnológicas es seguramente, y mucho más que una mera metáfora, el verdadero factor desencadenante del cambio en el propio sentido de la cultura –que intentamos denotar con la figura de una cultura_RAM.
Pero tomémosla por ahora como simplemente una metáfora. Lo que ella intenta ilustrar: que el tipo de memoria que produce la cultura no es tanto una de archivo (y backup, una memoria de disco duro para entendernos, ROM en la jerga informática). Sino más bien, y sobre todo, una memoria de proceso, de interconexión activa y productiva de los datos (y de interconexión también de las máquinas entre las que ellos se encuentran distribuidos, en red); una memoria de programa y procesamiento (la memoria del procesador, RAM, de vuelta a la jerga informática) y no más una de archivo; una memoria red y no más una memoria documento; una memoria constelación, fábrica, y no más una memoria consigna, almacén.
Una memoria que ya no se pone en singularidades señeras, que ya no se dice en definitivos docu-monumentos, en lugares, signos o escenarios de privilegio. Sino que, al contrario, se dispersa y clona en todas direcciones, se reproduce y distribuye vírica a toda su red de lugares, difundida como onda y eco, deslocalizada en una multiplicidad de no-lugares, hacia los que fluye (y desde los que refluye) activamente y en tiempo vivo.
No: ella –la cultura- no es más detención del tiempo, suspensión que corta su flujo para retener y conservar el momento perdido / amado. Sino dinamicidad pura y en curso que densifica y carga de potencia al tiempo-ahora, como nuncio y emblema de su propia era –y el porvenir al que prefigura: el porvenir del sistema que enlaza y arquitraba toda la constelación de los saberes posibles, efectivos, en una arquitectura expansiva que, a cada instante, actualiza (y multiplica exponencialmente) su competencia, su potencia virtual.
Sobre el autor:
José Luis Brea es Profesor Titular de Estética y Teoría del Arte Contemporáneo de la Universidad Carlos III de Madrid. Es director de las revistas Estudios Visuales y ::salonKritik::. Crítico de arte independiente, colabora con diversas revistas nacionales e internacionales, siendo corresponsal para España de la revista ARTFORUM. Es también director de las colecciones de Estudios Visuales de las editoriales AKAL y del CENDEAC. Entre sus libros más recientes destacan: Noli me legere. El enfoque retórico y el primado de la alegoría en el arte contemporáneo, CENDEAC, Murcia, 2007. Estudios Visuales. La epistemología de la visualidad en la era de la globalización, (ed.) AKAL, Madrid, 2005. El tercer umbral. Estatuto de las prácticas artísticas en la era del capitalismo cultural. CENDEAC, Murcia, 2004. La era postmedia. Acción comunicativa, prácticas (post)artísticas y dispositivos neomediales. Editorial Centro de Arte de Salamanca, Salamanca, 2002.
Para más información sobre el autor puede visitarse www.joseluisbrea.net


