
Participantes
procedentes del ámbito de la teoría del arte y de la gestión de centros artísticos
con el peso específico de Peter Weibel, José Luis Brea, Anne Nigten y
Heiner Holtappels y artistas como Marie-Jo Le Fontaine y Marcel.lí
Antúnez debatieron experiencias que pudieran servir como referencia
para la creación del nuevo espacio. La conclusiones brindadas por estas
jornadas constituyeron la base para formular la convocatoria del
concurso de ideas para el nuevo edificio, que finalmente se dirimió
entre las propuestas de Cruz y Ortiz, Nieto y Sobejano, Dominique
Perrault, Coop Himmelb(l)au y Zaha Hadid.
Fue el proyecto presentado por
Fuensanta Nieto y Enrique Sobejano el unánimemente elegido por el
jurado. El edificio comenzará a construirse en otoño. Se ubicará en el
Parque de Miraflores, punto urbano crucial en la renovación y
modernización de la ciudad, sito en una zona de borde, físicamente
marcada por el cruce del río, dividiendo el casco histórico y la zona
urbana en expansión, del que ya forman parte actuaciones urbanísticas
remarcables: el Balcón del Guadalquivir, de Juan Navarro Baldeweg; las
intervenciones de Juan Cuenca en el parque, la Puerta y el entorno del
Puente; la construcción del Puente de Miraflores y el controvertido
Palacio del Sur de Rem Koolhaas.
Para Nieto y Sobejano, este
proyecto constituye una continuidad en el desarrollo de un lenguaje
arquitectónico propio que asienta su fundamento teórico en la
indagación acerca de la metáfora, la memoria y la narratividad que
reviste a su obra de una sensibilidad poética mediante la que lo
plenamente contemporáneo establece un vínculo con todas las dimensiones
que conforman la existencia de un lugar. «La arquitectura se nutre
constantemente de imágenes ocultas en nuestra memoria, ideas que en
algún instante se tornan nítidas y claras e indican inesperadamente el
inicio de un proyecto. Tal vez por ello el eco de la cultura
hispano-musulmana latente aún en Córdoba haya supuesto
inconscientemente algo más que una nota al margen en nuestra
propuesta», apuntan al comenzar la descripción de este proyecto.
El eco de un espíritu.
Su sensibilidad inteligente queda patente en su opción por buscar el
sustrato de ese fuerte eco que resuena en el espíritu de la ciudad. Su
actitud mental les ha permitido concebir este edificio trascendiendo
cualquier banalización folklorista de lo iconográfico, evitando que ese
aspecto crucial en la identidad de Córdoba quedase expresado en el
edificio mediante una mera imitación de formas u ornamentos.
Profundizan en la búsqueda de las leyes geométricas que permitieron en
el pasado a los artistas, artesanos y alarifes cordobeses generar
morfologías, espacios, motivos ornamentales y los ritmos narrativos que
rigen ciertas estructuras literarias islámicas, comprendiendo que esas
leyes son las herramientas con las que se construyen productos que
reflejan un modo de imaginación de la realidad. Y es esta noción la que
imbuye a este proyecto de la profunda solidez conceptual que lo hace
ser un edificio perfectamente adecuado para comportarse con la
versatilidad que su programa demandará y constituir un elemento
arquitectónico arraigado en su tiempo y en su lugar.
La planta fue diseñada a partir
de un sistema: un patrón geométrico originado en una forma hexagonal,
que contendrá a su vez tres tipos diferentes de salas, de 150, 90, y 60
metros cuadrados. Como un juego combinatorio, las permutaciones de
estos tres recintos generarán secuencias de distintas salas que pueden
llegar a configurar un único espacio de exposición. Planteando un
funcionamiento comparable al sistema de las estructuras literarias
islámicas -«que incluían un relato dentro de otro, dentro de otro? Una
historia sin fin»- no tratan de que existan diferenciaciones estrictas
entre los diferentes ámbitos que cobijará el edificio, evitando su
centralización y permitiendo que su flexibilidad sea máxima.
«En él confluirán artistas,
visitantes, expertos, investigadores, curiosos, como en un
contemporáneo zoco cultural, sin jerarquías espaciales evidentes»,
dicen Nieto y Sobejano. Buscando el reflejo del edificio en el
Guadalquivir, la fachada encarada al río constituirá el elemento
protagonista del exterior del centro. Se ha concebido como una pantalla
perforada por multitud de huecos circulares tras los que se instalarán
lámparas monocromáticas en rojo, verde y azul. Un programa informático
diseñado por el equipo berlinés Realities: United producirá señales de
vídeo que generarán imágenes, textos o colores que encontrarán su
reflejo en el río.
Pasos adelante.
En el C4 se presentan tres factores claves para la arquitectura actual:
la necesidad de un diálogo entre el edificio y el contexto total del
lugar; la definición esencial de edificios de esta naturaleza como
catalizadores sociales -un aspecto que ha venido siendo denostado por
la prepotencia megalómana de ciertos arquitectos, para quienes prima la
espectacularidad-; y el desarrollo de una arquitectura acorde con el
estado de desarrollo real de la tecnología digital, hibridándose ambas
de forma que no se reduzca a mero hecho decorativo o especulación
inviable.
Con este edificio, Nieto y
Sobejano evidencian una superación del trauma del efecto Guggenheim y
de la forzada homogeneidad que imponen las dinámicas globalizadoras. El
C4 demuestra cómo la arquitectura desea quedar exenta de la obligación
de crear edificios que representen íconos de una ciudad, prefiriendo
establecer la búsqueda de nuevas formas de integrarse dentro de la urbe
para actuar al servicio de cada individuo.
Lo vimos en ABC


