En su caso, la iniciativa se concretaba en negarse a ser publicado por una de las grandes editoriales de ese país. La propuesta fue apoyada también por el músico Brian Eno, la artista Cornelia Parker o la escritora Arundhati Roy, entre otros.
Berger afirma que "esta medida podría ser un factor influyente en la política de Israel. Sus efectos no serán gigantes, pero es una manera de no quedarse callado. Esto es una interpelación personal a cada artista, una manera de dar coraje a los israelíes que se oponen a su gobierno y a los palestinos que luchan por sobrevivir. No llamo a boicotear a artistas de Israel, sino a los acontecimientos culturales organizados por su gobierno o instituciones". Ken Loach, que también apoya la iniciativa, prometió no tomar parte en ningún festival de cine de Israel.
Nicholas Hytner, director del National Theatre británico, se opuso públicamente: "Creo contraproducente cesar el contacto con la parte de la sociedad israelí que ha de provocar un cambio de mentalidad". El dramaturgo Mark Ravenhill opinó que "siempre es bueno mantener el diálogo abierto" para desafiar al gobierno. El compositor Michael Berkeley coincidió con ambos: "A veces, el arte es la única vía abierta en un conflicto".
Pregunta para el debate: ¿sirven de algo este tipo de propuestas? ¿Son una sana alternativa a la apatía o una manera de tirar la toalla de la comunicación?
Publicado originálmente en LA DINAMO


