Comenzó así: Soñé que mi hermana Minino, en cierta circunstancia (que he olvidado), me hacía una observación lisonjera sobre mi capacidad intelectual (en un sentido laudatorio para mí, decía algo así como: "Ahí se ve precisamente la diferencia entre los espíritus"). Es verdad que rechazé esa posición singular, defendiendo a los otros que Minino colocaba en un nivel inferior, pero en el fondo me alegró la lisonja y el reconocimiento de mi espíritu superior. A continuación me desperté, avergonzándome de mi envanecimiento y vulgaridad, y movido por una especie de arrepentimiento –no me acuerdo ya exactamente qué pensaba- hice la señal de la cruz. Sentí que debía acompañar ese gesto incorporándome, al menos, en la cama, o arrodillándome, pero fui demasiado vago para ello e hice la señal de la cruz semiincorporado y me recosté de nuevo. Pero entonces sentí que debía levantarme, que Dios exigía eso de mí. Sucedió así: sentí de repente mi completa inanidad y comprendí que Dios podía exigir de mí lo que quisiera, con la consecuencia de que mi vida se convertiría inmediatamente en un sinsentido si no obedecía. Pensé inmediatamente si no podría explicar todo como una ilusión y no como una orden de Dios; pero me resultaba claro que entonces tendría que explicar como ilusión toda religión en mí. Que tendría que negar el sentido de la vida.
Tras alguna resistencia, seguí la orden, di la luz y me levanté. Allí estaba, de pie, en la habitación, con una sensación horrorosa. Fui hacia el espejo, me vi en él y mi imagen me miraba tan espantosamente que oculté mi rostro entre las manos. Sentí que estaba totalmente destrozado y en las manos de Dios, que puede hacer conmigo lo que quiera a cada instante. Sentí que Dios puede obligarme en cualquier momento a confesar inmediatamente mis bajezas. Sentí que Dios podría obligarme en cualquier momento a tomar sobre mí lo más horrible, y que no estaba preparado para tomar sobre mí lo más horrible. Que no estoy preparado para renunciar ahora a la amistad y a toda dicha terrena. ¡Pero lo estaré alguna vez? No tenía permiso para volver a la cama, pero me temía nuevas órdenes e, incumpliendo la que tenía, como un mal soldado, como un desertor, me fui a la cama lleno de un temor horrible. Al apagar la luz tuve un accidente. El portalámparas de la bombilla eléctrica se desenroscó, rocé el cable eléctrico y recibí una descarga. Hice un movimiento brusco hacia atrás y me golpeé con el codo muy dolorosamente contra el cabezal de la cama. Pero, en mi estado, el intenso dolor me resultó un verdadero alivio, me distrajo algo de mis sentimientos interiores. Así permanecía algún tiempo, con una sensación horrible, temiendo dormirme, no fuera que en sueños me viniera con plena claridad toda mi situación a la conciencia y tuviera que tomar sobre mí lo más horrible o perder la razón.
Me dormí después y no soñé más, o no sobre ese asunto. En la madrugada me sentí bastante normal. Ahora me encuentro realmente apagado y abatido.
Como he dicho, hoy durante la noche me he dado cuenta de mi completa inanidad. Dios se ha dignado mostrármela. Mientras sucedía todo, he pensado continuamente en Kierkegaard y he creído que mi estado era de "temor y temblor".
Para mañana: A. Repetición: el viaje de Magallanes. Con ocasión de ese viaje, Polinesia. Origen de las islas polinésicas. Arrecifes de coral. Mucho.
16.1.22


