
Una de ellas, caracterizada por el uso del vidrio, obsesionada por la transparencia en la que subyace una búsqueda de la abstracción; y una segunda que apela a la percepción de la realidad desde la dimensión de lo estrictamente físico a través de una materialidad directa y visceral. Aunque reconociendo el predominio de la primera tendencia, Fujimori advierte que en la obra de los arquitectos adscritos a ella es patente la influencia de la segunda.
La aspiración a la expresión de lo abstracto y a la producción de un cuerpo caracterizado por la ligereza en equilibrio junto a la preocupación por dotarlo de una presencia física sólida, en el esfuerzo de producir un edificio que profundice en la esencia conceptual de la arquitectura, planteando a la vez una exploración técnica de los modos de construcción y aplicación de los materiales, define uno de los últimos edificios de Toyo Ito: la torre construida para la empresa de joyería Mikimoto en el distrito toquiota de Ginza, un prisma rectangular de diecisiete metros de anchura y catorce de profundidad, con nueve plantas de altura ocupadas por áreas dedicadas a la atención al público, con departamentos administrativos de la compañía en los pisos inferiores y con oficinas arrendadas en los pisos superiores.
Pensamiento crucial. La reflexión en torno a la definición, límites e integración de las dimensiones físicas y psíquicas del individuo contemporáneo a través de la arquitectura es uno de los temas cruciales del pensamiento teórico de Ito. El arquitecto japonés argumenta que el desarrollo tecnológico del siglo XX a través de la tecnología electrónica y digital ha generado una conciencia mental en la que se prolonga el cuerpo humano; una conciencia, agrega, que se esfuerza por «alcanzar la transparencia y la homogeneidad» en un espacio en el que ambas sean representadas, de forma que se haga factible hallar una síntesis armonizadora entre el «cuerpo de la experiencia vivida» y el «cuerpo espiritual». Unos conceptos que él mismo expone en Arquitectura de límites difusos (Gustavo Gili, 2006), texto en el que plantea la posibilidad de producir una arquitectura que en su experiencia permita la fusión de esas dos conciencias «flotantes» a través de una arquitectura clara y limpia, que sepa funcionar a semejanza de la piel humana. Mikimoto Ginza 2 supone para Ito un nuevo paso adelante en forma de desafío en la trayectoria de creación de un lenguaje arquitectónico a la persecución de esa idea; un edificio donde sabe subvertir los conceptos aprendidos de Mies Van der Rohe y Le Corbusier para crear un modelo para su propio tiempo y espacio.
Un complejo proceso. La realización del diseño concebido por el arquitecto ha exigido la aplicación de una tecnología de construcción sofisticada y una cuidadosa verificación a pie de obra, además de la producción de maquetas de prueba y el ensayo mediante tests de acierto u error de los métodos de construcción para comprobar los resultados. El edificio está cubierto por una capa de cuatro paredes finas que generan un sistema estructural de tubos que permite la creación de un espacio interior carente de columnas. El suelo de cada piso es una placa formada por nueve capas homogéneas. En anteriores proyectos, Ito había integrado las capas de estructura y superficie con objeto de expresar una mayor fuerza en la presencia del edificio, pero en este proyecto se ha usado un sistema que combina el acero y hormigón y usa las placas de acero como plantilla descartable para crear una estructura extremadamente delgada pero de gran fuerza y resistencia. Asimismo, al tratarse de un sistema estructural plano no direccional, fue posible insertar libremente las aperturas irregulares que definen la fachada.
La forma de dichas aperturas deriva de una geometría cuasi-cristalina generada por la división de los planos de la fachada en siete formas triangulares. Integrando la estructura y el modelo fluido de apertura (como si hubiera sido capturado en un instante de fluctuación), y a través del uso de un recubrimiento especial, esta construcción expresa a la vez una delicada ligereza y una refinada intensidad. Su diseño no se basa en la geometría pura, ni persigue una aproximación estructural expresionista, sino que emplea un nuevo método, que ha sido posible por primera vez gracias a la aplicación del método de ingeniería de análisis finito de elementos. Por otra parte, a fin de realizar fachadas totalmente lisas, las junturas soldadas fueron allanadas, y el acero recibió varias capas de pintura. Eliminando las uniones comúnmente visibles, la imagen exterior del edificio evoca un diferente tipo de abstracción, mientras que la cubierta enfatiza la cualidad material de la lámina de acero a fin de expresar la solidez de la estructura.
Esencia bruta. Aunque en su complejidad experimental en la búsqueda de unificar estructura y superficie, el edificio se conecta con otros de los más recientes proyectos de este arquitecto realizados fuera de Japón -como los pabellones en Brujas (2002) o el de la Serpentine Gallery (Londres, 2002) o los proyectos para el Foro de Música, Danza y Cultura Visual (Ghent, 2004) y la Ópera Metropolitana (Taichung, 2005)-, éste se emparenta más directamente con el local para la firma Tod?s, situado en el distrito de Omotesando en Tokio: ambos tratan de ser edificios imbuidos de una fuerza vital bruta contenida en su propia esencia, reflejo simbólico del tipo de poder que Ito asume indispensable para habitar en esta ciudad.
Toyo Ito es un arquitecto entre dos mundos, mientras que ambos mundos se diluyen y afianzan entre sí a causa de la globalización y la localización, situado entre dos tiempos y que, por su posición, puede comprender y activar con lucidez y sensibilidad poética. A la comprensión de las estructuras y motivos que generaron la mecanización de la sociedad en el siglo XX, Ito propone la transformación derivada de la asimilación de la tecnología por el individuo. La construcción de una nueva relación del cuerpo con lo circundante se traduce en arquitectura a través de la difuminación de sus límites. Al cuerpo aislado del mundo exterior generado por el concepto de la caja moderna, Toyo Ito contrapone la naturaleza de la tecnología informacional, que, a través de sus interfaces, permite una nueva relación con su entorno.

