Por Chistopher Shea
Muchos economistas se inclinan a favor de la idea de que la gente mayoritariamente actuara de la misma manera ante incentivos similares, por lo que las normas de la cultura propia serían menos importantes.
En un brillante y curioso estudio publicado en Junio, los economistas Raymond Fisman y Edward Miguel afirman que las normas culturales si que juegan un papel fundamental. Estos dos académicos analizaron las multas de tráfico acumuladas por los diplomáticos de 146 países destinados a las Naciones Unidas. En una situación en la que cada diplomático es literalmente invitado a comportarse como un corrupto, los diplomáticos de naciones con gobiernos "limpios" mayoritariamente dijeron "no, gracias".
El estudio empezó al observarse que, hasta finales de 2002, existía una política de "aplicación cero" o tolerancia total acerca del cumplimiento de las normas del estacionamiento de coches en lo que respecta a los diplomáticos. Los diplomáticos eran multados, pero la grúa nunca se llevaba sus coches ni el ayuntamiento exigía el pago de las multas. Usando registros públicos que iban hasta 1997, Fisman y Miguel identificaron que diplomáticos tenían multas sin pagar, y cuantas. Ojo, unas 150,000 multas en total, por un importe de 18 millones de dólares!!
Si los incentivos legales son más importantes que las normas culturales, podríamos suponer que los diplomáticos de todas las naciones no verían razón alguna para cumplir con sus obligaciones. Para qué comportarse como un buen conductor, si no te van a cobrar una multa jamás ... Sin embargo, los representantes de Canadá, Irlanda, Escandinavia (of course!) y Japón, obviamente daban vueltas y vueltas a la manzana hasta que encontraban un sitio donde aparcar su coche. Los que tuvieron un peor comportamiento y aparcaban donde les salía de su diplomático nabo procedían de Kuwait (246 multas sin pagar por diplomático), Egipto, Chad, Sudan, Bulgaria, Mozambique, Albania, Angola y Senegal. Este comportamiento muestra una fuerte correlación con la situación de cada un de estos países en el índice de corrupción gubernamental que publica cada año el Banco Mundial.
Por supuesto, los incentivos legales también juegan su papel: a medida que pasaba el tiempo, los diplomáticos de los países "limpios" empezaron a portarse peor, a medida que aprendían como funcionaba el sistema. Pero también los infractores iniciales empezaron a vulnerar más y más las reglas de tráfico (curiosamente cuanto más anti-americano era el país de procedencia del diplomático, más multas recibía). Los diplomático, concluyen Fisman y Miguel, traen consigo las normas sociales o la cultura de corrupción de su país de origen.

