Otro crítico no académico de Cage fue Morton Feldman, para quien el gran problema en Cage -lo que conducía sus «técnicas de la indeterminación» a un callejón sin salida- era precisamente remover al ser humano del proceso creativo. El músico español Francisco López publicó ya hace diez años una dura crítica al compositor americano. Su tesis es que «la filosofía cageana representa, en esencia, una versión exacerbada del paradigma clásico de la música occidental». Una dejación hipotética de toda decisión a favor de lo aleatorio «significaría la destrucción de la música, ya que la música es humana y el sonido no». El final de esta crítica es que, al estar tan centrada en el proceso, «la revolución cageana, en vez de "liberar la música del gusto y las tradiciones", la restringe de nuevo en las vallas del antiguo paradigma occidental de lo formal y el procedimiento».
En su Noise Water Meat (1999), Douglas Kahn añade: «El dominio cageano de "todo sonido" y "siempre sonido" y su correspondiente capacidad para la "panauralidad", recuerda el alcance total de la expresividad romántica, resonando en voz o en música a través de la eternidad». «Es cierto que Cage -continúa Kahn- buscó explícitamente subvertir las tácticas basadas en el antropocentrismo, pero todo lo que hizo fue desplazar el centro desde la expresión hacia la audición». De ahí puede casi deducirse la crítica, aparecida hace apenas un mes en la revista inglesa The Wire a cargo de Philip Brody: «La apreciación de Cage aparecía delineada por su propia cámara anecoica que excluía el mundo y su ruido cultural... La idea de que el "sonido" es la esencia de la musicalidad resulta un concepto tan sentimental como la conclusión de El Señor de los Anillos». Nadie duda de la importancia de Cage, de la agitación que trajo al mundo adorniano de las artes, de el ejemplo que ofreció. De su humor. Pero incluso los silencios de Duchamp han sido sometidos a crítica. ¿Por qué no Cage?

