
Normalmente ese algo suele ser guitarra, como en el caso de Black Keys o White Stripes pero el mismo papel puede hacer el bajo, como es el caso de Lightning Bolt o incluso Moonchild (estos + voz). Pero también tenemos a un grupo como Dresden Dolls que sustituyen guitarra por teclados.
Por esta vía, claro, se ha revalorizado la batería, precisamente uno de los instrumentos que parecían destinados a morir bajo el alud de lo programable. Los 80 y los 90 supusieron la posibilidad de prescindir de un músico cuyo instrumento era muy poco transportable y, además, simbolizaba como pocos la estética de lo "acústico". Paradójicamente, la extrema programación de samples en el Drum & Bass y en el hip-hop condujo a que el sonido de la batería, si bien altamente de-re-construido volviera a tomar carta de naturaleza.
Probablemente pegarle mamporros sonoros a algo es un gesto tan atávico que se pierde en la noche de nuestros genes y de ahí su permanente poder de fascinación. Pero también es cierto que estos nuevos baterías que deben ocupar también un espacio "melódico" además del rítmico, no son como antes. Por un lado son herederos del sample y de las articulaciones que ha permitido lo digital. Por otro han escuchado a muchos baterías de free-jazz.
Su papel escénico también ha crecido y el instrumento se ha ido acercando cada vez más al borde del escenario. Contemplar el esfuerzo físico innegable que requiere la batería, es algo que no se ofrece en un "concierto de laptops" y no cabe duda de que el cuerpo humano en movimiento es algo que nos sigue pareciendo digno de ser visto.
Es una evolución curiosa que quizás podría haberse previsto pero que, casi por sorpresa, se ha convertido en un lugar común. Las vías de la música son inescrutables.

