Esto, unido a ese reflujo que suele producirse en Noviembre tras la furiosa reentre de Octubre, han provocado esta sequía de posts. Ha habido bastante música, pero más bien aprovechando el momentáneo relajo para re-escuchar desde nuevos prismas cosas antiguas como la primera Mahavishnu Orchestra, el "Vincebus Eruptum" de los Blue Cheer, el esperado gran recopilatorio de Moondog, las obras instrumentales de Cage, el "98.6" de Los Angeles (una producción asombrosa para la España de 1967… y algunas novedades de las que se hablará.
Sin embargo una expresión leída en un foro ha encendido alguna chispa. Una usuaria preguntaba por "algo de metal folk". Aunque la idea del "metal folk" no sea tan traída por los pelos como otras (ahí tenemos el "Stairway" de los Zeps o las pastorales de Ritchie Blackmore) lo cierto es que fue la gota que colmó el barril. En una copa no cabrían ya los millones de denominaciones con las que ha de pelearse hoy en día el aficionado miserere.
Debe haber serias causas para esto y tampoco son tan difíciles de imaginar. Seguramente tendrá que ver el conservacionismo generalizado del siglo XX, ideas en la cultura como "mesetas" o "rizomas", el acceso generalizado (en las sociedades pudientes) a zonas de la cultura cada vez más amplias…
Pero la mente se me fue hacia otro sitio, hacia el Nominalismo como un super-mapa de la música y de diferentes agrupaciones socio/estéticas. En un principio el pop era mas o menos homogéneo (dividido en "razas" y niveles económicos, desde luego), pero relativamente nítido y luego generacional. Y claro, quien más quien menos sabia lo que eran el soul, el twist o el rock and roll.
Hoy en día hay tantas músicas como ciudades. Cada una con sus distritos, sus barrios, sus zonas, sus calles. Hay viajeros también, personas que visitan o incluso viven en más de una ciudad. Por supuesto, no conocen los nombres de las calles de otros distritos de la ciudad y ni siquiera el nombre de la mayoría de las ciudades. Pero es que le parecería directamente absurdo pretender conocerlo todo.
En esto se han perdido aquellas antiguas uniformidades que permitían a la música operar como referente de cuestiones más amplias, en lo estético, lo social y lo ideológico. Lo que al principio servía como bandera de enganche genérico, se ha extendido tanto que hoy aparece como fragmentado en mil reflejos. Hay que aprender a manejar los nuevos mapas.

