Por Javier Pérez de Albéniz
| 02 | Neil Young * 1989-12-10 Amsterdam | Música | |
Como estoy en San Sebastián me acerqué, buscando respuestas, a ver una exposición sobre Atapuerca, pero no encontré solución alguna. Sólo sé que la televisión actual nos ofrece horas y horas de Antonio David y apenas unos segundos de Neil Young.
¿Qué desastroso medio de comunicación es éste que se salta los ciclos evolutivos y ofrece más oportunidades al más débil, al menos evolucionado, al tarado? ¿Qué diría Darwin al ver que el pinzón con el pico sucio, las plumas peladas, las patas torcidas y el corazón negro recibe un trato preferente por el dios de la evolución televisiva?
"¿Lo digo o no lo digo? Bueno, lo digo porque estoy como en casa", dice en la tele el individuo con forma humana, un pasado con tricornio y experiencia en el cobro fraudulento de multas. Lo que dice son intimidades de su ex-familia, detalles miserables de sus supuestos amigos, de sus hijos…
Neil Young también desnuda, de alguna manera, su corazón en público. Pero sus canciones, qué cosas, lejos de sonar groseras nos ayudan a vivir, a sentirnos bien, a ser mejores. Young es una de las cuatro patas del rock americano (junto a Dylan, Fogerty y Springsteen), y el documental de Demme es un homenaje a la madurez de un músico eterno, de una música grandiosa.
Si quieren saber de Neil Young y de su película busquen con lupa los escasos, minúsculos y minoritarios programas de cine. Tal vez por eso la alegría del día me la llevé ayer por la tarde al ver a Antonio Gasset ('Días de cine', TVE2) salir del hotel Londres, camino de la playa, con una toalla en la mano y una sonrisa en el rostro. Me gusta ver contenta a la gente que trabaja bien y me hace feliz: Neil Young, Antonio Gasset…
Publicado originalmente en www.elmundo.es


