Bukowski y la nostalgia
28-07-06 Daniel Martín
A mi entender, a Charles Bukowski y a su alter ego Henry Chinaski se les ha juzgado siempre de una manera injusta, sobre todo en España. Aquí, aparte de titular sus libros de una manera a menudo exagerada –“La máquina de follar”, “Música de cañerías”, “La senda del perdedor” se alejan del título original para incidir en la leyenda antes que en la fidelidad–, se le ha traducido de una forma soez y obscena que no corresponde con su prosa concisa, brutal, en consonancia directa con la tradición narrativa estadounidense del siglo XX. Bukowski es mucho más que un escritor beatnik, o que un pornógrafo, o que un maldito. Es un escritor extraordinario de una sensibilidad distinta, fruto de una vida de alcohol y miseria, pero muy humana y sorprendentemente cercana.
Sus primeros libros – la colección de artículos-relatos “Escritos de un viejo indecente”, el libro de relatos “Erections, ejaculations, exhibitions and general tales of ordinary madness” y las novelas “Cartero” y “Fáctotum”– sí que muestran a un escritor gamberro, contracultural, rebelde, pero insisto que con una formación mayor de la esperada en un “maldito” y con una asombrosa capacidad realista para retratar los bajos fondos, la “vida de abajo”, capacidad en mi opinión entre las más notables del siglo. Bukowski, simplemente, describe la cosas de una manera cruda y directa que a veces hace daño a las gentes que no han vivido en esos barrios y entornos miserables. Los ambientes retratados en sus libros son reales, porque él los ha vivido. En Bukowski se mezclan los talentos de John Fante y Ernest Hemingway para mostrarnos el alma del lumpen social de los Estados Unidos.
En este sentido, Bukowski me parece el escritor de más talento de esa época de locura y marginalidad que será olvidada dentro de poco, si es que no lo ha sido ya, y a la que, si consideramos generación literaria –Kerouac, Burroughs, Cassidy, Ginsberg, etc.–, Buk no pertenece. Pero el Bukowski que nace en “Mujeres”, se consagra en “La senda del perdedor” y “Música de cañerías” y se difumina en “Hollywood” y “Pulp”, es uno de los más grandes escritores del siglo XX. Sobre todo porque describió la nostalgia mejor que nadie.
“Mujeres” es una novela condenada por el feminismo y los puritanos. Simplemente porque habla del sexo tal cual es y porque Chinaski va pasando de mujer en mujer como si fuesen objetos. Pero no es un libro machista. Todo lo contrario. El final del libro, uno de los más bellos de la literatura, muestra al antihéroe por fin convertido en un hombre fiel, en una “persona normal”. “Mujeres” narra las vivencias de Chinaski cuando, hacia 1970, comienza a ser un autor conocido mundialmente. Y de ser un paria, pasa a ser admirado por todas las mujeres que se cruzan en su camino. Y él no sabe quererlas. Quizás los que critican el libro no se dan cuenta de que Bukowski no sólo conquista y pierde mujeres, sino que no tiene un solo amigo. “Mujeres” describe a una persona que no ha tenido nada y que de repente lo tiene todo. Es un ser confuso, perdido, atribulado. Y en “Mujeres” aprende a querer y a dejarse querer.
Este tono melancólico se hace más patente todavía en “La senda del perdedor”, en la que Buk describe su infancia y juventud. Cada página de este libro, una auténtica obra maestra, rezuma una nostalgia sobre la vida que tuvo y la vida que le habría gustado tener. Un padre que le pegaba, una gran ausencia de cariño, el acné que le impidió salir con chicas, la miseria en la que va hundiéndose, su incapacidad para integrarse, todo un cúmulo de pequeñas vivencias que termina con Chinaski/Bukowski, solo, el día en que EEUU declara la guerra a Japón y toda su generación corre a alistarse, jugando a una máquina de boxeadores contra un niño pequeño y perdiendo, una y otra vez. Nunca una imagen mostró tanta desolación y amargura. Nunca un escritor demostró tanta delicadeza a la hora de plasmar la derrota y el dolor.
Las posteriores novelas y relatos ya no tienen el nivel de “La senda del perdedor”. Pero en cambio, sobre todo la novela “Hollywood”, muestran otra clase de nostalgia, aquella que muestra el escritor, ya sexagenario, que triunfa y siente que en el fondo se está vendiendo al enemigo. Buk mezcla entonces dos sentimientos contradictorios: la nostalgia de no haber tenido una vida normal, y la nostalgia de estar perdiendo su autenticidad. Algo que, en cierta manera, nos afecta a todos, sobre todo en su segunda vertiente.
Con el paso de los años, los poemas, relatos y novelas de Bukowski irán ganando en aceptación o, por el contrario, caerán en el olvido como le ha sucedido a John Fante, escritor al que Bukowski recuperó para los lectores de finales del XX. En cualquier caso, la vida y obra de Bukowski forman una experiencia memorable que todos deberíamos disfrutar, de paladear. Charles “Hank” Bukowski es uno de los grandes. Aunque dijese tacos, hablase del sexo en estado puro y gustase de provocar. En el fondo, en su obra se muestra sin tapujos en qué consiste y qué se siente en la lucha por la vida. Y la suya fue una vida difícil, por lo menos hasta que cumplió 50 años y pudo comenzar a disfrutar de ella.