Los grupos españoles que han alcanzado estatus de culto internacional pueden contarse con los dedos de una mano. Entre ellos figuran, sin mayores dudas, Francisco López y Esplendor Geométrico. Es notable que ambos tengan su origen en el mismo y tradicionalmente proletario barrio de La Prosperidad, pero es que el Ateneo Libertario de dicha zona fue la cuna de la facción más radical de la Movida de los 80. Así que la Prospe se convirtió en tierra fértil para la imaginación de gentes que, curiosamente, ponían su mirada y sus relaciones algo más allá de la conquista por sorpresa de los Hit Parades nacionales.
Comienzo fuerte. Esplendor Geométrico, que actúa la semana que viene en el festival Decibelio de Madrid, tras casi veinte años sin tocar en su ciudad de origen, llamaron la atención muy rápidamente. Como escisión radical del Aviador Dro, EG (en aquella primera encarnación Arturo Lanz, Gabriel Riaza y Juan Carlos Sastre), comenzaron fuerte con un disco deliberadamente improgramable en la mayor parte de las radios: Necrosis en la poya (1981) era su nombre. Según recuerda hoy Arturo, «Como a los tres nos gustaba mucho Throbbing Gristle, enseguida empezamos a seguir una línea más ruidista con percusiones distorsionadas, y con unas letras muy fuertes que nada tenían que ver con lo que hacían el resto de los grupos de esos años. A mí todo ese movimiento de grupos que empezaron a tener un cierto éxito, me parecían una ñoñeria. No había nada interesante y la palabra que más se escuchaba en esa época era ??divertido??. Todo tenía que ser divertido, sino no valía. Nosotros no éramos nada divertidos».
No lo eran, no, y de hecho su actitud y su música les condujeron a los márgenes de esa presunta celebración sin límite que se apoderó de España en aquellos años. EG eran el rostro menos risueño de todo aquello, junto a otros proyectos como La Otra Cara del Jardín, los abortados Parálisis Permanente o los grupos de Javier Hernando, Jordi Valls y Victor Nubla en Barcelona? Gracias a su inclusión en una de las primeras recopilaciones de música avanzada de Europa (Fixplanet, 1981), Esplendor se inscribió sin mayores problemas en la primera onda industrial internacional y según Arturo: «A partir de ese momento, me desvinculé totalmente de la escena musical de Madrid y nos encerramos en casa a disfrutar enteramente de lo que hacíamos y sin que nos interesara el resto de la música que se hacía en España».
Guiado por el instinto. Los discos fueron cayendo en rápida sucesión hasta llegar a Kosmos Kino (1988), donde lo puramente industrial dejaba paso a una música que Arturo define como «algo distinto, alejado de otras tendencias. La verdad es que yo ya no escuchaba música, con lo que las influencias desaparecieron de los temas que hacía. Sólo me guiaba por el instinto. Sigo en la misma línea, por eso nuestra música parece que no evoluciona, y yo creo que es verdad. Esa nueva línea me parece mucho más tribal. Yo considero a EG como un grupo de folklore contemporáneo, y por supuesto, nada oscuro, sino esplendorosamente luminoso». Para Saverio Evangelista, el otro miembro actual de EG y responsable de post-producir lo inventado por Arturo, «EG cogió enseguida su propio camino, que sigue siendo el actual: una suerte de "tribalismo electrónico", una música ingenua». Desde entonces, en la música de Esplendor se han ido colado influencias árabes, samples de voces en alemán, de operas revolucionarias chinas (Arturo vive ahora en Pekín-Shanghai), puro maquinismo, ritmos simil-africanos? Y todo ello con una urgencia y una inmediatez que en directo se traduce en una presencia casi avasalladora donde junto a un inmutable Saverio, Arturo grita en el micro, mantiene una lucha terrible con el teclado, con las torres de sonido, con lo que se ponga por delante, mientras de los altavoces surge una música mejor cuanto más atronadora.
Otro misterio es cómo se las ha apañado Esplendor para sobrevivir y seguir editando con regularidad discos a veces tan esplendidos como su último Compuesto de Hierro (2002), con sus miembros separados por miles de kilómetros. Para Saverio, «el secreto quizás es éste: seguimos con el grupo porque vivimos de otra cosa. Vivir de la música, sobre todo de este tipo de música, te obliga a demasiados compromisos, limita tu libertad creativa y probablemente a estas alturas Esplendor habría dejado de existir». Por suerte, no ha sido así.
e-limbo* La calidad es ínfima... pero es todo un documento. (así es la investigación, a veces)