Yo vendería un dedo por esas botas. Un dedo que no me haga mucho servicio, como el meñique de la mano izquierda, no se vayan a pensar que estoy chiflada. Y eso pensando solo en la bota, porque encima trae bola extra: mientras la usas te deja un tatuaje con motivos silvestres, uno semipermanente a medio camino entre los de aguja y el chupetón.
Los tatuajes van por dentro y tienen marco de perlitas que no parece muy cómodo pero peor es que te aticen con una salchicha caliente como he visto hoy en Alexanderplatz. Vienen en código tres colores, tres sabores: joven virginal (Virginity lining), cambio de aires (New beginnings lining) y zorra sin escrúpulos (Coming of age lining) con forro interior negro. El kit es parte del
book de Emily Jane Atkinson y de la colección de trabajos del
Goldsmith college en Londres. Gracias
Reg.