Corman McCarthy
09-04-06 Sugerido por / Suggested by: Jorge Diezma
por Andrés Ibáñez
... lo que me pasa es que tuve exactamente esta sensación al leer a este tipo, y lo de la contraportada me dio tanta rabia como a éste. (nota de e-limbo*)
Pero permítanme que les hable en esta ocasión de Corman McCarthy, el nuevo ídolo de los chicos de la generación del gin. En la contraportada de uno de sus libros leo que se sabe muy poco de su vida, que se dice que de joven “llevó la vida de un vagabundo” y que vivió debajo de una torre de perforación petrolífera. Claro, con una vida así, uno comprende que escriba siempre esas historias violentas, descarnadas y llenas de furia primitiva que llenan sus novelas.
El Corman McCarthy real nació en Rhode Island en 1933y creció en Tennessee, donde su padre trabajaba como abogado. Después de asistir a una escuela católica fue a la universidad de Tennessee, donde se graduó en artes liberales, pasó cuatro años en el ejército (tres de ellos en Alaska, donde fue el presentador de su propio programa de radio, igual que Chris Stevens de Doctor en Alaska) y luego regresó a su universidad, donde publicó dos relatos y ganó el Premio Ingrall-Merill duramte dos años consecutivos. A continuación se marchó a Chicago, comenzó a escribir su primera novela y se puso a trabajar como mecánico de automóviles. No por mucho tiempo: en 1965, antes de que la novela saliera a la luz, recibió una beca de viajes de la Academia Americana de las Artes y las Letras que le permitió visitar Irlanda, la tierra de sus ancestros, y al año siguiente una beca de dos años de la fundación Rockefeller gracias a la cual pudo viajar por toda Europa y asentarse por una temporada en la elegante y glamorosa Ibiza. En 1969 recibió una beca de escritura creativa de la Gugenheim Fellolwship. En 1981 recibió otra beca, esta vez una de las llamadas “becas para genios” de la McArthur Fellowship,, que le permitió escribir su novela más famosa, Meridiano de sangre. Poco después, McCarthy lograría el éxito comercial con Todos los hermosos caballos.
Trágico renegado
Todo esto me parece estupendo. Pero ¿por qué un escritor surgido de la universidad y que ha vivido la mayor parte de su vida de becas y ayudas a la creación ha de presentarse ante sus lectores como un trágico renegado que surge del polvo y la violencia de los caminos? ¿Por qué el lector ha de suponer enseguida que la violencia de las novelas de McCarthy brota inconteniblemente de su terrible experiencia vital?
Cuando uno lee un par de páginas de Corman McCarthy, normalmente las del principio de algunas de sus novelas, tiene la sensación de que está leyendo al mejor escritor de la historia. Cuatro o cinco páginas más allá, la ilusión se desvanece y la fulgurante sucesión de frases geniales se ve reducida en seguida a un tedioso recuento de acciones monótonas y diálogos vacíos. Los “retazos morados” de los que hablaba Wilde nunca fueron tan retazos como lo son en McArthy: paisajes aislados de prosa genial que no tienen una verdadera función constructiva y que no son otra cosa que retazos, sí, pasajes coloreados, adornos.
Las novelas de McCarthy son, por lo demás, muy aburridas. Sus metáforas son retorcidas y artificiales y no logran conjurar verdaderas imágenes sensoriales o ambientales. No escribe con la imaginación, sino con la mente. Su búsqueda continua de efectos y efectismos es cansada y deprimente. En sus obras no hay verdadera narración, ni tampoco descripción, ni tampoco ninguna combinación de ambas, sino una extraña sucesión de acciones y hechos tediosos, repetitivos y mecánicos. Lavó el plato metálico con arena, lo guardó, se quitó la bota, se abrochó la bota, se puso el sombrero, se metió los dedos en la boca, silbó al caballo, y así página tras página. Cuando repetimos una palabra muchas veces, llega un momento en el que se convierte en un simple ruido y ya no sabemos lo que significa. Con las novelas de McCarthy pasa algo parecido: después de leer cincuenta páginas seguidas de uno cualquiera de sus libros uno ya no sabe qué es lo que está leyendo, ni tampoco qué es una novela ni tampoco qué es una historia, o contar una historia, o qué es exactamente la literatura.
Para salir de este abotargamiento, McCarthy emplea el recurso más fácil: llena el texto de escenas asquerosas y violentas. Asco y violencia, la fórmula infalible para que los tontos se crean que están ante un “documento estremecedor” imbuido de un “realismo desgarrador”. La violencia de Meridiano de sangre, por ejemplo es repelente, pero sirve al menos para sacudirnos del adormecimiento de los viajes interminables, insensatos e informes que constituyen la mayor parte de la novela.
En realidad las novelas de Corman McCarthy no hablan de un mundo primitivo y distante, sino de nuestro presente urbano y pluritecnificado, una realidad puramente visual y factual donde las sensaciones reales nos son cada vez más ajenas y donde nos dedicamos a consumir obras de arte y de entretenimiento que nos proporcionan experiencias falsas, coloreadas de peligro oexotismo, pero finalmente vacías y carentes de sentido.
Publicado originalmente en